Visita de mi amigo, poeta y escritor Esteban González, cuyos destacados pergaminos humanos y culturales me eximen de mayores comentarios,con un obsequio artísticamente enmarcado que me trajo gratos recuerdos de los años que viví en esa localidad,el escudo de Puerto Tirol, cuya creación impulsé en 1978 desde el Departamento municipal de Prensa y Cultura.
Recibí la gentil visita de mi amigo, poeta y escritor Esteban González, cuyos destacados pergaminos humanos y culturales me eximen de mayores comentarios.
Baste decir que en su honor la Biblioteca Escolar Nº 348 de Puerto Tirol se llama “Esteban González”.
Se presentó con un obsequio artísticamente enmarcado que me trajo gratos recuerdos de los años que viví en esa localidad: el escudo de Puerto Tirol, cuya creación impulsé en 1978 desde el Departamento municipal de Prensa y Cultura.
El 9 de julio de 1981, un periodista del diario Norte, Carlos Aguirre, recordó así el origen de esa iniciativa que después fue copiada por otros pueblos chaqueños:
“Verde horizonte de selva, río que pasa a sus pies. Ensangrentados rollizos junto a la fábrica que bebe su savia taninera. Por encima, domina el sol sobre la paz de un cielo de nortes y mañanas.
Este es el escudo de Tirol, obra del artista plástico local Pedro Torres, emblema de un pujante poblado que rescata los valores simples de la vida sencilla, muy cerca de la grande y sudorosa Resistencia, afanada en su conquista del mañana total.
Pero, quizá no todos sepan que este escudo tiene a su vez una pequeña historia.
Este escudo de Puerto Tirol nació al amparo de una idea del periodista Vidal Mario –a la sazón secretario de prensa del municipio- quien propuso y obtuvo el aval necesario para llevarla a cabo.
Ni el mismo Mario podría suponer entonces que con el correr de los días ese gesto primero de loa comuna de Puerto Tirol iba a ser imitado por todos los pueblos y ciudades del Chaco –a excepción, claro está, de Resistencia, que ya tenía el suyo-, y que hoy, gracias a aquella idea feliz, ostentan orgullosos sus respectivos emblemas”.
Entre 1978 a 2026 hay una distancia de casi medio siglo. Si se quiere ser más preciso, cuarenta y ocho años.
Me pregunto qué destino habrá tenido aquel magnífico cuadro imaginado por Pedro Torres, hijo de ese pueblo.