Razones del agotamiento en septiembre y estrategias para recuperar la vitalidad.
El incremento de la luz y los cambios de temperatura imponen al organismo un esfuerzo adaptativo que suele derivar en astenia primaveral. Este fenómeno transitorio genera pesadez, somnolencia diurna, falta de concentración, variaciones de humor y mayor predisposición a enfermarse. No constituye una patología, sino un proceso de ajuste del sistema nervioso y hormonal donde intervienen la melatonina y la serotonina, cuyos niveles sufren alteraciones hasta que el reloj biológico logra sincronizarse con el entorno.
Para mitigar este impacto, la nutrición resulta fundamental. La incorporación de triptófano a través de huevos, frutos secos como nueces y almendras, semillas de sésamo o calabaza y carnes magras impulsa la producción de serotonina. Asimismo, el consumo de legumbres, avena, cacao puro y vegetales de hoja verde aporta magnesio y vitaminas del grupo B, vitales para contrarrestar la fatiga muscular y la irritabilidad. La ingesta de frutas y verduras de estación como cítricos, frutillas y kiwi provee vitamina C y antioxidantes. Mantener una hidratación constante evita dolores de cabeza y somnolencia provocados por la pérdida imperceptible de líquidos ante el aumento térmico.
El movimiento al aire libre funciona como un regulador natural de los ritmos circadianos. Realizar caminatas matutinas o a mitad del día permite que la luz solar directa detenga la síntesis de melatonina en la retina, disminuyendo el sopor y programando al cerebro para un descanso nocturno óptimo. Esta exposición ayuda a restaurar la vitamina D, mientras que el ejercicio ligero favorece la oxigenación y estimula la liberación de dopamina y endorfinas.
Por otro lado, la alternancia entre días fríos y jornadas de calor húmedo afecta el sistema inmune. La presencia de aire frío facilita la suspensión de virus respiratorios como la gripe o rinovirus, en tanto que la humedad propicia el aumento de ácaros y moho. Desde la Medicina Tradicional China se señala que los últimos 18 días de cada estación, periodo denominado Dojo, corresponden al elemento Tierra. Si durante este lapso el Bazo se encuentra debilitado o la transición resulta muy abrupta, la energía defensiva disminuye, incrementando la vulnerabilidad ante factores patógenos.-