Por Vidal Mario : Jesús, un adelantado a su tiempo

Por Vidal Mario : Jesús, un adelantado a su tiempo

Por Vidal Mario*

Durante el papado de Liberio (352 al 366) apareció en Roma un “investigador” llamado Furio Dionisio Filocalo diciendo que Jesús había nacido un viernes 25 de diciembre.

A título de prueba, le mostró al referido pontífice un calendario que él mismo había confeccionado, basado en datos que según él eran frutos de investigaciones propias.

Logró convencer a Liberio de lo correcto de su descubrimiento. Entonces, éste ordenó que la fecha oficial del nacimiento de Jesús (“Navidad”) sea el 25 de diciembre.

Desde entonces cada 25 de diciembre se celebra el supuesto cumpleaños de Jesús.

Lo de esta fecha es solamente una tradición basada en antiguas mitologías, sin respaldo historiográfico alguno.

Pero viene bien una fecha como esta para revindicar lo que realmente fue y significó la figura de Jesús.

Una figura manoseada y bastardeada desde hace siglos, y en cuyo nombre se han cometido atrocidades sin nombre.

Un modelo a servir de guía

De todos los genios que han venido al mundo, el galileo Jesús fue el tipo más perfecto que Dios ha ofrecido al hombre para que le sirviese de modelo, guía e inspiración.

Vino a establecer un nuevo patrón de unidad y de hermandad. Sin distinción alguna para con nadie, puso en el trono a la igualdad y edificó la hermandad entre los hombres, algo que hasta entonces había sido apenas una aspiración teórica.

Enseñó a dejar para siempre al terrible Jehová de la sangre y de la cólera del Antiguo Testamento, inventado por los primitivos hebreos.

En lugar de este dios vengador y castigador, como lo eran todos los dioses de las antiguas mitologías, instaló la idea de un “Padre” que no está sentado en un trono levantado en algún remoto rincón del Universo, sino que como una chispa viviente habita en cada ser humano, dándole vida y movimiento.

Fue un revolucionario del pensamiento que, en términos sociales, se propuso borrar con toda división de credo, raza o condiciones de vida. Para él era lo mismo el hombre que la mujer, el filósofo griego que el bárbaro, el judío que el gentil, el rico que el pobre, el sabio que el tonto, el libre que el esclavo.

Enseñó que todos venimos y dependemos de la misma fuente divina y que, por lo tanto, todos somos iguales a la hora del derecho, de las obligaciones y de las oportunidades.

Predicaba cosas como los que hoy llamamos derechos humanos y justicia social, éste modernista que se movía en una tierra de fundamentalistas chocaba no solamente con las autoridades romanas sino también con algunos miembros de la nobleza y sacerdocio judíos.

El problema de Jesús era que por ser un adelantado a su tiempo su mensaje era demasiado elevado para la época y para el medio en que le tocó vivir y desarrollar su misión.

Por eso es que no lo comprendieron. No lo comprendieron ni a él ni a su prédica de avanzada.

Una figura tergiversada

Tres siglos después de su muerte, los llamados “primeros padres de la Iglesia” tergiversaron su mensaje y cayeron en el mismo desvarío de los que lo condenaron y crucificaron.

Comenzaron eliminando de cuajo toda referencia a las primeras décadas de su vida, como si jamás hubiera existido antes de su iniciación mística en las aguas del río Jordán.

Se empezó a vender una imagen equivocada, tergiversada y distorsionada del Maestro haciéndole decir y hacer cosas que un hombre como ese jamás pudo haber dicho ni hecho.

Hasta lo hicieron aparecer –en el Apocalipsis- en ropa teñida de sangre, una espada saliendo de su boca, y comandando un ejército de ángeles exterminadores para poner fin a este mundo.

Más aún, con el deliberado objetivo de aterrorizar a los ignorantes, hoy, como en los tiempos medievales, en el cristianismo sigue vigente la imagen de un Dios de Amor, pero a la vez creador de un eterno infierno de fuego, y de un Jesús que enseñaba a perdonar y dar la otra mejilla, pero que a la vez exterminará a todos los seres vivientes de la Tierra.

Por todos estos absurdos es que el verdadero Dios y el verdadero Jesús necesitan ser reivindicados.

*(Autor de “El Jesús de la Historia”