La noticia de las negociaciones de Luis Caputo para concretar una operación de REPO (préstamo garantizado) por unos US$ 3.000 millones mediante la entrega de bonos soberanos y el respaldo de organismos internacionales (Banco Mundial, BID y CAF) debería ser motivo de alerta y no de festejo.
La noticia de las negociaciones de Luis Caputo para concretar una operación de REPO (préstamo garantizado) por unos US$ 3.000 millones mediante la entrega de bonos soberanos y el respaldo de organismos internacionales (Banco Mundial, BID y CAF) debería ser motivo de alerta y no de festejo. Lo que intentan vender como un voto de confianza de los mercados es, en realidad, un esquema de ingeniería financiera que profundiza nuestra dependencia: se contrae nueva deuda para sostener un modelo que prioriza los compromisos financieros. En esta operación, el protagonismo del JP Morgan, junto a otros bancos privados, es cuestionable. Que el ministro de Economía, con su conocido pasado como "Jefe de Trading para América Latina" en la entidad (la mesa de operaciones donde se compra y vende deuda soberana), sea quien negocie estas condiciones con sus antiguos colegas, alimenta las críticas y sospechas "por negociar préstamos con las mismas instituciones donde fue figura central". El mecanismo es perverso: el Banco Mundial y el BID aportan financiamiento directo para reforzar las reservas, en tanto que el JP Morgan pone los dólares mediante una operación de REPO, asegurándose el cobro de intereses y exigiendo bonos soberanos como garantía. Al no haber ingresos genuinos de dólares por exportaciones o inversión productiva, el costo financiero se acumula. Es un esquema donde el riesgo lo corre el Estado argentino y el beneficio se lo llevan los de siempre. Lo más grave es el destino de esos fondos; el dinero no irá a escuelas, hospitales o infraestructura productiva, se utilizará para pagar vencimientos de deuda previa. Estamos ante la forma más ineficiente de financiamiento: pedir prestado para pagar intereses, generando una bola de nieve de "interés sobre interés". En resumen, nos siguen endeudando para que los acreedores internacionales cobren a término, mientras la economía real se asfixia y el futuro de los argentinos queda prendado en las oficinas de Nueva York. Sin un plan que apunte a la producción, se apuesta todo a la timba financiera y al refinanciamiento perpetuo. "No se puede solucionar un problema de deuda tomando más deuda. Si los dólares que entran se van de inmediato hacia las cuentas de acreedores externos, lo que estamos haciendo es cavar un pozo profundo que acarreará más ajuste y pérdida de soberanía económica. Es hora de dejar de celebrar préstamos y empezar a discutir cómo producir para salir de este lío."