Vidal Mario,los hechos de Venezuela, que son de conocimiento público, trajeron a mi memoria que hace once años vi y viví en ese país cosas que antes de viajar no imaginé que iba a ver y vivir.
Los hechos de Venezuela, que son de conocimiento público, trajeron a mi memoria que hace once años vi y viví en ese país cosas que antes de viajar no imaginé que iba a ver y vivir.
A principios de mayo del 2015, llegué al aeropuerto de Caracas, y apenas lo hice, quienes me recibieron me advirtieron que no debía revelar mi condición de periodista ni que había presentado un libro en la Biblioteca del Congreso estadounidense.
En esos días, 22 periodistas estaban en la cárcel acusados de ser “enemigos de la revolución bolivariana”.
Yo estaba allí invitado por la embajada del Paraguay en Venezuela, en el marco del 204 aniversario de la independencia paraguaya, para unas palabras en la Plaza Simón Bolívar de Caracas.
Paralelamente, la poeta y escritora venezolana Maigualidad Pérez gestionó la presentación de mi libro “Los Secretos de la Historia” en la ciudad de La Victoria.
Mi discurso en la plaza central de Caracas se concretó, pero en Victoria no se autorizó la presentación de mi libro, supuestamente porque los organizadores también eran “enemigos de la revolución bolivariana”.
Aproveché mis días en Venezuela para ir registrando todo lo que sucedía en ese país.
Recorrí Caracas, Isla Margarita, Pampatar, Boca de Río, La Asunción, Juan Griego, Porlamar, Santa Ana, Playa Caribe, Manzanilla, Coche, Playa del Agua, El Tirano, Paraguachi, y La Victoria.
Todo lo visto y experimentado en esos lugares lo plasmé después en un artículo titulado “Venezuela no puede salir de su pesadilla”, publicado en el diario Norte.
“El Presidente Obrero”
Una gran crisis económica, social y política sobrevolaba, ese mes de mayo de 2015, sobre Venezuela.
Maduro (“El Presidente Obrero”) denunciaba en todos los actos y por todos los medios que había “una conjura del imperialismo contra la revolución bolivariana”. y que se estaba sosteniendo una guerra sin cuartel contra el imperialismo y la burguesía.
“El imperio y la burguesía venezolana le han declarado la guerra al gobierno popular bolivariano, y el gobierno ha recogido el guante. Así que el país está en guerra”, dijo Maduro en uno de esos actos.
A su lado estaban varios “gobernadores revolucionarios”, y también la “primera combatiente”, su mujer.
Las distintas carteras ministeriales tenían estos nombres oficiales: Ministerio del Poder Popular para la Salud, Ministerio del Poder Popular para la Economía, Ministerio del Poder Popular para la Agricultura, en tanto que al Ministerio de Trabajo se lo denominaba Ministerio del Poder Popular para el Proceso Social.
Un cuadro caótico
El cuadro que se vivía era éste: hiperinflación, muertos cada día, colas y soldados en los supermercados, falta de medicamentos, docentes con salarios insignificantes, y compra de sólo dos productos por persona.
Había un racionamiento propio de un país en guerra. Estaba visto que estaba a las puertas de los venezolanos una hambruna que si no se la controlaba iba a desatar los demonios de la población, como efectivamente sucedió poco tiempo después.
Fue el motivo por el cual millares de venezolanos migraron hacia los diversos países vecinos.
Venezuela se hundía mientras Maduro y Diosdado Cabello hablaban de conspiraciones, de conjuras del imperialismo, de traidores, y de enemigos de la patria.
Muchas de las 190 empresas que años antes habían sido nacionalizadas o expropiadas por Chaves, estaban abandonadas y con sus trabajadores en la calle.
Sólo se podía comprar mercaderías un día a la semana y según el número en que terminaban los documentos de identidad. Sucedía cosas insólitas como que para comprar pañales las madres debían presentar las partidas de nacimiento del bebé.
Las embarazadas con necesidades de medicinas debían acreditar su condición con la ecografía.
12.830 profesionales ya se habían ido de los hospitales públicos, y otros 2.502 de las clínicas privadas. De todos esos médicos, un total de 10.300 se encontraban ya fuera del país.
El “comandante eterno”
Me llamó la atención que, aún muerto, Chávez siguiera teniendo un poder omnipresente, omnímodo y omnisciente.
La Casa de la Cultura estaba dedicada a rendir culto a la vida y personalidad del proclamado “Comandante Eterno”, en tanto que en las librerías se vendían libros supuestamente escritos por él, uno de los cuales se titulaba “Cuentos Arañeros”.
En Pampatar, vi un cuadro enorme que mostraba a cuatro personas consideradas máximos patriotas de la nación. Los tres primeros, entre ellos Simón Bolívar, estaban pintados de color negro. Al último, Chávez, lo pintaron a todo color. El mensaje era elocuente: él era el más grande de los héroes venezolanos.
El culto a su figura rozaba el límite del hartazgo. En los altos edificios de Caracas, junto a grandes carteles que lo mostraban al lado de Fidel Castro, se podían ver “ojos de Chávez”, ojos que significaban que desde el cielo él seguía viéndolo todo.
¿Y ahora qué?
De los 85 presos políticos registrados ese mes de mayo de 2015, el más famoso era el alcalde de Caracas, Antonio Ledesma. Otro “enemigo de la patria”, Leopoldo López, cada día estaba más flaco por su huelga de hambre en la prisión.
Ocho militares acusados de conspiración también padecían cárcel, y la Iglesia reclamaba la liberación de los propietarios de un supermercado llamado “Día a Día”.
Casi once años pasaron de estas cosas que he mencionado. A lo largo de ese tiempo, muchas otras cosas sucedieron en ese país que al final terminó convirtiéndose en un altar del narcotráfico.
Ahora que Nicolás Maduro ya es historia la pregunta es qué pasará ahora con esa sufrida nación.
La respuesta lo tiene el tiempo. Por ahora, la única certeza es que Venezuela ha conseguido salir de su pesadilla.-