Insaurralde: “El grito colectivo no hizo más que visibilizar la lucha de las mujeres y las diversidades por la igualdad de derechos y oportunidades”

Insaurralde:  “El grito colectivo no hizo más que visibilizar la lucha de las mujeres y las diversidades por la igualdad de derechos y oportunidades”

En un contexto marcado por el aislamiento a causa de la pandemia de coronavirus, el movimiento de mujeres y diversidades de género conmemorará mañana 3 de junio de 2020, los cinco años del nacimiento del Colectivo «Ni una Menos», un hito en la historia del feminismo argentino por la masividad y transversalidad que tuvo esa primera gran movilización en ochenta ciudades del país contra los femicidios y la violencia machista. 

A 5 años de la primera marcha desde aquel 3 de junio de 2015, el reclamo contra la violencia de género copó las calles tras el crimen de la joven Chiara Páez, ese día varias agrupaciones feministas se gestaron de manera simultánea al #NiUnaMenos. El femicidio de Chiara Páez, la joven de 14 años que fue asesinada en Rufino, Santa fe, por su novio de 16, fue el caso que motivó la primera marcha #NiUnaMenos el de 3 junio de 2015. 
Ese día marcó un antes y un después en la agenda feminista actual del país. El 3 de junio es una fecha que sella un compromiso con la construcción colectiva de un movimiento transversal y poderoso, hecho de redes políticas de afecto y solidaridad, porque es la vida la que está en juego. Hace 5 años una marcha masiva, la primera marcha masiva por los derechos de las mujeres, explotó en la cara del Gobierno, de la oposición, de los medios masivos de comunicación, de toda la dirigencia. Todas ellas, pertenecientes a partidos políticos o completamente apartidarias, dan talleres en barrios, apoyan la campaña nacional por el derecho al aborto seguro, legal y gratuito; defienden los derechos LGBTIQ+ (lesbiana, gay, bisexual, transgénero, transexual, travesti, intersexual y queer) y trabajan por las desigualdades sociales y económicas de las mujeres. Estamos histórica y sistemáticamente condenadas a la sumisión para garantizar la vida biológica, a la obediencia para evitar el castigo, al refugio para evitar la muerte, a las cadenas suaves para evitar las violencias. La gigantesca voz colectiva que construyó una nueva fecha en el calendario de los derechos humanos, manifestación que marcó que el femicidio no es un hecho privado, sino producto de una sociedad patriarcal, donde los feminismos construyen agendas colectivas, políticas, institucionales a nivel mundial. El paso más grande del #NiUnaMenos fue la politización de las violencias machistas, la sensibilización social sobre la necesidad de poner la lupa en la desigualdad estructural, esa cadena de violencias cuyo último eslabón es el irreparable: el femicidio. Detrás de esa toma de conciencia masiva de la sociedad civil vinieron los paros internacionales de mujeres y diversidades.
 Detrás de esa movilización masiva de 2015, que cosechó semillas sembradas por las pioneras de los feminismos en la Argentina, vinieron la marea verde y la revolución de las pibas, las viejas y la generación intermedia. El grito colectivo no hizo más que visibilizar la lucha de las mujeres y las diversidades por la igualdad de derechos y oportunidades. Desnudó, para siempre, que lo personal es político, cinco años después, aún en el encierro que provoca la pandemia, se escucha fuerte.